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  Los Lavaderos
 

       EL LAVADO A MANO EN ZUFRE

 

       La ropa utilizada en las siegas, las cisqueras, el cuidado del ganado y en otras faenas del campo adquiría una tremenda suciedad. El lavado a mano y sin los detergentes actuales era una ardua tarea que dice mucho en favor de las abnegadas mujeres en los trabajos domésticos de Zufre en la primera mitad de este siglo. Así, por ejemplo, en el fregado de los utensilios de la cocina se utilizaban las matuleras y las fibras de las pitas mezcladas con arena. Con todo, el verdadero ritual doméstico se circunscribía a la colada: burros cargados de trapos y tableros tirados por mujeres y cerros cubiertos de sábanas y camisas blancas al sol marcaban el paisaje límpido de las mañanas primaverales.  

       

Diego y Lala en El Paseo. Al fondo, La Torre de las Harinas.

Jabón de grasas

  

         Hasta los años 60, la colada se hizo en los lavaderos, barrancos y arroyos con jabón procedente de grasas tratadas con cáustica y agua de ceniza para el blanqueo. El jabón se obtenía de las borras o asientos del aceite, del tocino rancio {el tocino fresco, junto al pan, fueron alimentos básicos en el campo de Zufre durante la mayor parte del siglo}, de los cerdos muertos por epizootías y de cualquier otro desecho de grasas animales.

         Todo se acumulaba a lo largo del año en unas tinajas para su posterior mezcla con cáustica y cocimiento al fuego. Con la ayuda de una espumadera, se apartaba en unas cajas de madera la película superior del líquido resultante. Una vez solidificado, el jabón obtenido por este proceso se cortaba en trozos. Los residuos resultantes de la elaboración del jabón eran empleados como detergente líquido para fregar.

 

                 Agua de cenizas

 

         A falta de lejía para el blanqueo de la ropa, la ceniza era el sustituto ecológico ideal. Las tinajas de ceniza procedente del brasero o de la candela eran usuales en las casas de las lavanderas. Este producto se mezclaba bien con agua clara; se aguardaba unas horas a que se asentara en el fondo de los bidones y se retiraba, con la precaución de no remover el agua que se encontraba en la parte superior, que ya podía ser utilizada en la colada como sucedáneo de la lejía.  Las lavanderas más primorosas introducían la ropa sucia en calderas de agua y la calentaban al fuego de la candela.

 

          La construcción de los lavaderos

 

         Cualquier barranco era utilizado para lavar la ropa. La gente que vivía en el pueblo lo hacía preferentemente en el barranco de la Charneca y en el Barranco Santo. Algunas lavanderas, incluso, llegaban hasta la Rivera de Huelva. La construcción de lavaderos a principios del S. XX facilitó la colada, si bien algunas mujeres continuaron lavando donde antaño. Zufre contaba con cuatro lavaderos estratégicamente situados en la periferia de la villa: 

Lavadero de “El Charquillo: vista del lavadero ya rehabilitado (a finales del S. XX). La construcción data de 1931. Se construyó sobre el curso del denominado “regajo”, un cauce que llevaba las aguas residuales desde la zona alta de la villa hasta su parte inferior.
       

          * Lavadero de "El Charquillo": este lavadero se construyó sobre el curso de "El Regajo" que conducía las aguas residuales desde San Sebastián -pasaba por la Calle del Pozo- hasta la Calle Larga, donde estas aguas se mezclaban con las del pilar abrevadero. La construcción del lavadero obligó a separar ambas aguas y a solicitar a los propietarios de las tierras colindantes con "El regajo" que cedieran una parte para la construcción de un lavadero público.  La obra se realizó en 1931. Unos años después, concretamente el 13 de agosto de 1936, una de las tres bombas que explosionaron en Zufre con motivo de la Guerra Civil -San Sebastián, las Cuatro Callejas y El Charquillo- estuvo a punto de derribarlo. La metralla llegó a perforar las vigas de hierro.

 

Lavadero de “El Charquillo: imagen del lavadero antes de su rehabilitación, en 1992.

     
* Los Lavaderos de Los Linares y de La Lapa: el primero fue construido en 1909. El segundo es el que se encuentra en los bajos de "El Paseo" y su construcción data probablemente de 1909, coincidiendo con la construcción del pilar ubicado junto a las viejas escuelas. Este lavadero fue destruido a comienzos de los ochenta y en su lugar se construyó el actual.


Lavadero de “La Lapa: imagen del lavadero correpondiente a 1975. Los lavaderos eran lugar de reunión de las mujeres del pueblo, a media tarde eran muchas las que allí se congregaban para, amén de trabajar, escuchar las radionovelas y ponerse al tanto de las noticias del pueblo.

         Los lavaderos de "Los Linares" y de "San Sebastián" tenían una estructura similar: una fuente que suministraba agua a un albercón, en cuyo pretil se encontraban distribuidas unas lanchas sobre las que se situaban los tableros para hacer la colada. A diferencia del de "Los Linares", el de San Sebastián contaba con hendiduras de cemento sobre las lanchas -a modo de tablero- para facilitar la refregadura de la ropa.

         Los lavaderos de "La Lapa" y de "El Charquillo" eran mucho más prácticos que los anteriores, por cuanto el agua procedía de una serie de caños ubicados a uno y otro lado de un muro central. Cada mujer disponía de su propio caño y de un tablero de cemento. A diferencia del de "El Charquillo", el de "La Lapa" no contaba con tejado que protejiera del azote del sol.         El uso de los lavaderos fue decayendo poco a poco hasta su práctica desaparición en los años 80. Por su interés, reproduzco a continuación dos artículos sobre la importancia del agua y de los lavaderos públicos en la sierra:
 

En defensa del patrimonio cultural
Los lavaderos públicos
Hay algunos especialistas que han hablado de ellos como casino femeninos, donde la mujer se manifestaba en toda su realidad, sin tapujos ni ambages.
Félix Sancha Soria | Actualizado 20.10.2008 - 11:39
Algunos pueden pensar que la caída en desuso de alguno de los elementos arquitectónicos de nuestros pueblos es suficiente motivo para aplicar sobre ellos la piqueta y el marro, y es que, a veces, la especulación del suelo ha conducido a los munícipes a borrar de la faz de la tierra los pequeños signos de identidad que jalonan nuestras poblaciones. Como dice un conocido antropólogo, este patrimonio ha pasado de ser modesto a molesto, impidiendo que los nuevos arquitectos tracen líneas rectas donde siempre fueron curvas. Así, ha ocurrido con uno de los elementos más conocidos y singulares del paisaje onubense: los lavaderos públicos.

Hoy que tan en boga está entre nuestra clase política la defensa de la mujer para alcanzar esa igualdad tan justa y necesaria, se tiran al suelo sus señas de identidad, pues qué si no son los lavaderos públicos, esos espacios de sociabilización donde se refugiaba la poca libertad que la sociedad siempre les ha concedido. Hay algunos especialistas que han hablado de ellos como casinos femeninos donde la mujer se manifestaba en toda su realidad, sin tapujos ni ambages.

Allí, lavando en los refregaderos, la libertad de expresión alcanzaba sus máximas cotas cuando en España el absolutismo lo acallaba todo. Desde la política local hasta los amoríos nada le era ajeno a las abnegadas y trabajadores mujeres de pasadas generaciones. Como si de castillos se tratará, en los lavaderos, las mujeres se hacían fuertes y pocos hombres se atrevían a acercarse a un lugar donde podían ser objeto de mofa y burla.

La inmensa mayoría de nuestros lavaderos se encuentra en las sierras de Aroche y Aracena, y según el malogrado José María Medianero debieron de surgir los primeros en el siglo XIX. Los lavaderos existentes los podemos clasificar siguiendo a este autor en lavaderos descubiertos, lavaderos cubiertos, lavaderos complejos y lavaderos monumentales. Entre los primeros podemos citar el de la Fuente de Puerto Lucia (Aroche), Fuente de la Magdalena (Cumbres Mayores), Fuente del Corcho (Cortegana), Fuente Vieja (Linares de la Sierra), Fuente del Concejo (Almonaster la Real), Fuente de La Granada de Riotinto, Los Linares y Las Pilas (Zufre), Las Pilas (El Castañuelo) y los lavaderos de La Umbría y Jabuguillo. En cuanto a los cubiertos citaremos Fuente de La Albuera (Aracena), Lavadero de Triana (Los Romeros), Lavadero de Los Marines, Del Charquillo (Zufre), Fontanilla y de Arriba (Higuera de la Sierra) y Plaza de Venecia en Galaroza; lavaderos complejos tenemos el de Campofrío, Fuente del Chanza (Cortegana), Corteconcepción, Puerto Gil, Santa Ana la Real y Las Cefiñas (Aroche). Finalmente, lavaderos monumentales son el de Aroche, Linares de la Sierra y Fuente del Concejo en Aracena.

Estos son los que se han conservado, pero también hay otros que han desaparecido, como el mencionado y magnífico lavadero de Aroche abocado una parte a cocheras y la otra al abandono, o el de Fuenteheridos que apagó sus ecos por sentencia municipal.

Los lavaderos nos hablan también de la higiene de las distintas épocas y cómo no de la resistencia de la mujer, pues éstas solían lavar no sólo su ropa sino la de parientes y amigos; e incluso había algunas que escamondaban la ropa de personas que le pagaban por ello, entrando de lleno en el mercado laboral. El lavadero constituyó un gran avance, pues con antelación las mujeres iban a lavar los trapos a las riveras y barrancos del término, y como había que sortear grandes distancias se iba por la mañana temprano y volvían por la tarde. Claro que todavía les quedaba tiempo para realizar las faenas de casa e incluso ayudar en el campo.

El lavadero siempre está ligado al agua, en concreto a algún manantial que posibilite que el líquido elemento llegue por la fuerza de su peso a las piedras o pilas, cumpliendo la misión de limpiar la ropa, para después seguir su curso hacía algún barranco donde depositar las aguas sucias. Incluso en muchos de ellos representan la culminación funcional y estructural de la fuente, asociándose con el abrevadero para que beban los animales.

Pero el lavadero también representa perfectamente a la arquitectura popular o vernácula, donde se utilizan las técnicas y materiales de la zona. Sus tipologías suelen ser diferentes, pero todos están dotados de gran funcionalidad y enorme belleza. A ellos se asocia también toda una terminología que hace referencia a los instrumentos empleados en el lavado como panera, refregadero, pinzas, horquilla, lanchas, etc.

Hace unos días hemos visto como una pequeña población serrana ha tirado al suelo su lavadero público tan sólo con la justificación de construir en su espacio un aparcamiento. Se trata de Cumbres de San Bartolomé, donde ni la oposición municipal ni las firmas de más de 200 vecinos han impedido que se llevara a cabo tan singular demolición. Un lavadero que propició que las mujeres cumbreñas dejaran de visitar los fríos barrancos del término municipal, y soportar mejor las inclemencias del tiempo al amparo de una techumbre.

Según hemos podido saber, el equipo de gobierno ha considerado que su construcción en 1966, es decir, más de 40 años de vida, no es suficiente para dejar esté símbolo del trabajo excepcional de las mujeres.

No entendemos cómo en una población donde el patrimonio cultural es escaso se han permitido el lujo de tirar una de las edificaciones más singulares, la cual complementaba a la vieja fuente cercana.

Sin embargo, también hay loables ejemplos de restauración o mantenimiento de nuestros lavaderos por parte de los ayuntamientos, citaremos los casos de Higuera de la Sierra, Los Marines, Linares de la Sierra, Aracena o Campofrío. Estos hitos en el paisaje urbano son auténticas manchas de cal que como, testigos muchos, nos hablan de un tiempo donde se lavaba en el lavadero. Aunque el abastecimiento de agua a domicilio y la lavadora los han dejado relegados, constituyen un magnífico ejemplo etnográfico para enseñanza de los más jóvenes y disfrute de todos.

Finalmente, tenemos que decir que para que no suceda más lo que ha ocurrido en Cumbres de San Bartolomé la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía debería declarar todos los lavaderos existentes en la provincia como Bienes de Interés Cultural y nombrar una comisión que vele por estos conocidos elementos de nuestro patrimonio cultural, complementando así la catalogación que se está haciendo de los manantiales andaluces, y por extensión, onubenses.
                                                       ***
La arquitectura del agua en la Sierra de Huelva
El agua es un elemento natural imprescindible para la vida en el planeta. Es un recurso económico y social fundamental para el ser humano. La cantidad de agua en la comarca serrana, viene condicionada por una serie de factores físicos y humanos. La climatología de la sierra determina unas precipitaciones, de origen atlántico en su mayoría,  moderadas,  entre los 800 y 1200 mm. anuales. Y unas temperaturas suaves, con una media anual que oscila entre los 13º y 16º C, propias de un clima de tipo mediterráneo de transición oceánica. Más húmeda y fresca en el eje Aracena – Cortegana y más cálida y seca en las áreas que limitan al sur con la cuenca minera y el Andévalo, al norte con la Sierra de Hinojales y Extremadura y al oeste, con los Picos de Aroche y la cuenca del Chanza.Las reservas hídricas son acumuladas en acuíferos subterráneos gracias al roquedo calizo que aflora en el territorio serrano y que favorecen la presencia de numerosas surgencias y manatiales. Desde el punto de vista territorial, el agua ha determinado la distribución del poblamiento en la zona, concentrándose los asentamientos principalmente en la franja central y meridional.Importancia SocialDesde un punto de vista económico, los recursos hídricos han cumplido una función trascendental a lo largo de la historia de la población serrana. Abastecen a la población de los pueblos y aldeas a través de fuentes y lavaderos y en el campo a los cortijos y explotaciones agropecuarias e industriales, con sus fuentes, abrevaderos y molinos hidráulicos.Pero además han sido lugares de gran importancia social, de encuentro y relaciones sociales, que presentan, siguiendo las palabras del antropólogo Pedro Cantero, un valor simbólico de primer orden. Incluso desde el punto de vista festivo, vean el caso de las fiestas de los Jarritos de Galaroza o de Cumbres Mayores.La arquitectura del agua presenta una variada y rica tipología constructiva. Tanto en el espacio urbano y rural, las fuentes abastecen a sus moradores y riegan los cultivos. Muchas están conectadas mediante acequias con albercas donde se almacena el agua. Destacar el tipo de fuente rehundida de planta circular o polígonal de origen romano o poligonal, localizados en los extremos de los pueblos. Ejemplos de ellas tenemos la Fuente Vieja en Cortegana y Fuente Redonda de Cañaveral de León. También la Fuente de La Fontanilla de Santa Olalla de Cala, de estilo mudéjar de ladrillo y planta cuadrada con bóveda semiesférica.Las fuentes de estilo renacentistas ya se localizan en el centro de la población, junto a las Casas Capitulares, desempeñando un alto valor simbólico del poder del Consejo Municipal. De este tipo tenemos la Fuente del Concejo de Zufre, construida de sillería y decorada con una cabeza de león. Decir que esta fuente se encuentra integrada en la Plaza Mayor junto a otras construcciones del mismo periodo como la iglesia, el posito, la cárcel y el concejo de la villa.Periodo de auge constructivoTras la crisis económica, política y demográfica del siglo XVII, comienza un nuevo periodo de auge constructivo. Durante el siglo XVIII, en época borbónica y auspiciado por el empuje económico y social, se instalan nuevas fuentes con inscripciones y emblemas municipales o reales. De este grupo podemos mencionar la Fuente del Concejo de Almonaster la Real y la Fuente del Barrio del Castaño del Robledo. En el siglo XIX el desarrollo de la clase burguesa, agrícola e industrial promueve el emplazamiento de nuevas fuentes o remodelan las antiguas, valga el ejemplo del Pilar de Cortelazor, la Fuente del Chanza en Cortegana o la Fuente del Rey en Encinasola. Muchas de ellas presentan también abrevaderos y lavaderos. Añadir a ellas la Fuente de San Julián en Aracena con cabezas de tritones en los caños metálicos, o la de Nuestra Señora del Carmen en Galaroza y la fuente monumental de planta octogonal de Manuel Pérez González en Cortegana, que fue desmontada en el siglo pasado y recientemente reconstruida. De principios del s. XX es la Fuente de la Plaza de la Constitución de Almonaster la Real, construida por canteros portugueses y decorada por cuatro criaturas fantásticas marinas. Y la Fuente de los Doce Caños de Fuenteheridos, rehundida en el terreno, así como la Fuente Nueva de Linares y la de los Tres Caños de Santa Ana la Real. Historicista es la Fuente neorrenacentista vinculada a Aníbal González en la Plaza del Cabildo Viejo de Aracena y de estilo regionalista la bien conservada Fuente de la Plaza de San Antonio de Higuera de la Sierra, decorada con azulejos y remates cerámicos.Otras construcciones vinculadas con el agua en la sierra son el sistema de pozos y norias, asociados a un sistema de acequías y alberca, para el riego de cultivos y los molinos hidráulicos, para moler el trigo y producir harina. Los molinos hidráulicos, también llamados de rodezno o de cubo, tuvieron una importancia decisiva en la economía de subsistencia serrana. Compuesta por un sistema de acequías o liebas, presas y represas, que transportaban el agua del arroyo hasta el molino harinero o de aceite. Desde allí iba al cubo, que por la fuerza de la caída del agua, movía el rodezno y se molía el cereal. Hay que destacar la Ruta de los Molinos en Arroyomolinos de León, algunos de ellos restaurados, contando además con un Centro de Interpretación, así como el de otras poblaciones serranas en Linares, Alájar, Almonaster la Real, Cortegana, Aroche, Encinasola, Cañaveral de León, aunque muchas de ellas en estado ruinoso.Disfrute del agua Otros paisajes emblemáticos relacionados con el disfrute del agua son la Laguna de Cañaveral de León, espacio urbano colectivo de gran simbolismo, así como los Embalses de Aracena, Zufre, Valdelamusa, y las Riveras del Chanza en el Rosal de la Frontera, la Pelamora en Aroche, la Rivera de Huelva en Zufre, Rivera del Sillo en Encinasola, o la de Olivarga en Almonaster la Real. También mencionar algunas de las pozas y charcas más representativas como la de la Poza Mala en Cortelazor, Los Chorros de Santa Ana la Real, y El Charco del Hacha en Almonaster la Real, entre otros.Por último, es de urgente necesidad la protección y conservación de estos tipos de arquitectura tradicional y paisajes culturales, donde muchos se encuentran deteriorados y abandonados. Forman parte del patrimonio identificado con las señas de identidad que definen al colectivo serrano y en palabras del antropólogo J. Agudo Torrico, es un patrimonio “modesto” y “molesto” digno de ser preservado, por sus valores históricos, antropológicos y culturales que hay en ellos.Bibliografia de interés:
  • “La Cultura del agua en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Bienes, paisajes e itinerarios”. Boletín del I.A.P.H. (P.H. 62). Conserjería de la Junta de Andalucía. Sevilla. 2007.
  •     MEDIANERO HERNÁNDEZ, J. M. “Fuentes y lavaderos en la provincia de Huelva”. Diputación Provincial de Huelva, 2003.
  •     AGUDO TORRICO, J. “Arquitectura Tradicional. De Patrimonio modesto a Patrimonio molesto”. En Actas XVIII Jornadas del Patrimonio de la Sierra de Huelva. Rosal de la Frontera. Diputación de Huelva. 2004.
  •     GONZALÉZ FLORES, S. “La Arquitectura del agua en Zufre. Pilares y lavaderos". En Actas XV Jornadas del Patrimonio de la Comarca de la Sierra. Santa Ana la Real (Huelva). Diputación de Huelva. 2001.
  •     GARCIA BARRÓN, L.F. y MARQUEZ RODRIGUEZ, M. J. “Ecología. Sierra de Aracena y Picos de Aroche”. Ed. Anaya. Madrid. 1998.
Publicado el 07/08/2009 en Infonubex.

 
 
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